El Niño Costero. Efectos y complejidades

Apenas el 16 de enero del 2017, el Comité Multisectorial encargado del estudio nacional del Fenómeno El Niño estimaba que las probabilidades de ocurrencia de un fenómeno El Niño débil para el verano 2016-2017 era del 5%, y de un moderado o fuerte, del 1%. [1]

Imprevisibilidad (que no se puede prever) de la naturaleza y falta de previsión de las autoridades y de la población.

En diciembre del 2016, El Comercio informaba sobre la sequía que asolaba un gran número de departamentos del país, al punto que se ampliaría el estado de emergencia en 17 de ellos, incluyendo Piura y Lambayeque.[2]

Apenas tres meses después, Piura era objeto de una de las más grandes inundaciones de su historia reciente por las intensas lluvias y el desborde del río del mismo nombre. Su caudal alcanzó los 3400m3, cuando el nivel máximo de la cuenca es de 2200m3.

A diferencia del Fenómeno El Niño (EFEN), cuya generación y desarrollo se expande durante varios meses y sus impactos se dejan sentir en varios países, el Niño Costero (NC) fue imprevisible y de alcance local. En palabras del Dr. Ken Takahashi, director de Ciencias de la Atmósfera e Hidrósfera del Instituto Geofísico del Perú (IGP) y miembro del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (EFEN), “Lo que sucede ahora (el Niño costero) no es producido por las ondas Kelvin (ondas calientes) de las costas del Pacífico oeste, provenientes de Australia, y que tienen un alcance hasta el Pacífico central (Fenómeno El Niño), sino por un evento meteorológico estrictamente local, frente a las costas de Perú y Ecuador”.

El NC fue, un fenómeno imprevisible, tanto por el momento en que ocurrió como por su magnitud. Revela, sin embargo, la falta de previsión sobre todo del Estado, en sus diferentes niveles, pero también de población y fue para minimizar los impactos de eventos climáticos extremos como para reaccionar ante ellos.

Los impactos del NC han sido importantes, sobre todo en la costa norte, tanto en áreas urbanas como rurales. Según INDECI, más de 47 mil viviendas fueron destruidas y otras 249 mil afectadas. Se perdieron 28 mil hectáreas de cultivos –una extensión mayor que la de todo el valle de Huaral-; un área aún más grande, superior a las 70 mil hectáreas, fue afectada, todo lo cual redundará en una importante reducción de la producción y de los ingresos, sobre todo de pequeños agricultores. Los estimados del presidente de CONVEAGRO, Héctor Carrasco, revelarían una situación mucho más grave, pues habría 90 mil hectáreas de cultivos perdidos y 100 mil afectadas. Sería de provecho para todos que los diferentes estimados revelasen las metodologías y las fuentes de información utilizadas para llegar a cifras tan diversas. 

La infraestructura de educación sufrió también los efectos de las lluvias, inundaciones y huaycos; quedaron destruidas 250 instituciones educativas y casi 2500 fueron afectadas.[3] Además, El Niño Costero, generó las condiciones para la propagación de enfermedades, sobre todo del dengue (se confirmaron más de 10 mil casos, pero el total de casos probables es de 23.5 mil más, registrados del 7 al 13 de mayo)[4].

Como era de esperar, parte de la infraestructura vial, en particular de vías rurales, fue destruida totalmente -5.8 miles de kilómetros-  o parcialmente -53 mil km. En razón de ello, un informe de las Naciones Unidas evalúa que “El principal problema para los agricultores afectados es la imposibilidad que tienen para trasladar sus productos a los mercados y a los puertos más cercanos…”.[5]

Una de las primeras respuestas del gobierno a los efectos desastrosos del NC fue a través del ministro de Agricultura, José Hernández, quien informó que se entregarían bonos de S/ 1000 por hectárea a los agricultores perjudicados –al 19 de mayo, hay cerca de 20 mil registrados-, monto que –era de esperar- es considerado insuficiente por los agricultores, quienes estiman que se requerirían al menos cinco mil soles por hectárea.

Fondos adicionales serían utilizados para la rehabilitación de infraestructura y para el Fondo de Financiamiento Agropecuario.[6]

Con un sentido más abarcador y multisectorial, el Gobierno dio la ley 30556 que aprueba una serie de disposiciones para hacer frente a los desastres, y que crea la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios.

Pablo de la Flor fue nombrado director ejecutivo de dicho organismo. De la Flor tiene un sólido curriculum vitae, sustentado en sus estudios de economía y administración pública en prestigiosas universidades de los Estados Unidos. Fue jefe del equipo negociador del Tratado de Libre Comercio firmado con los Estados Unidos, en su calidad de viceministro de Comercio Exterio. Este acuerdo fue fuertemente criticado en su momento por CONVEAGRO por reducir al mínimo los aranceles a la importación de los productos agrícolas subsidiados provenientes de ese país, perjudicando a los productores  peruanos de un grupo de cultivos llamados sensibles.

De la Flor ha sido, además, uno de los gerentes del Banco de Crédito –su último cargo- y vicepresidente de Asuntos Corporativos y Medio Ambiente de la Compañía Minera Antamina[7]. La pregunta es con qué criterio conducirá el proceso de reconstrucción, dada su identificación con la empresa privada.  



[1] Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del  Fenómeno El Niño. Comunicado 01-2017 http://www.indeci.gob.pe/objetos/bdiario/MTc1MQ==/r201704121029321.pdf

[3] INDECI (2017). Reporte de situación de lluvias  (COEN-INDECI), Reporte de información del Ministerio de Salud como consecuencia del Niño Costero.

[5] UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs (april 2017). North Coast of Peru 2017 Flash Appeal. P. 17.  . http://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/-PE-Flash_Appeal_ENG_1000_hrs_%28PUBLIC%29-20170410-CV-20519.pdf

Opinión

  • Fernando Eguren
    En su blog "Cosechando opiniones", Eguren reflexiona sobre la relevancia de la agricultura familiar para el desarrollo rural

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  • Laureano del Castillo
    En su blog, el Dr. Del Castillo comenta la legislación agraria y rural
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