
Beatriz Salazar | Últimamente se ha levantado la alarma sobre el déficit hídrico en Piura. Según el Midagri, se habrían generado pérdidas y afectaciones superiores a S/ 82 millones entre agosto y octubre de 2024, impactando 11 674 hectáreas de cultivos. Esto equivale a 72 240 toneladas de producción, sobre todo de arroz, cultivo en que se perdieron 17 899 toneladas y se afectaron 26 605 toneladas. Esto preocupa, pues Piura es el segundo productor de arroz en el país y podría gestarse un déficit en la oferta, con la consiguiente alza de precios.
Estas pérdidas son evidencia de la falta de previsión, pues desde setiembre el Senamhi había advertido que entre octubre y diciembre del 2024 existía una probabilidad alta de ocurrencia de déficit de caudales en la zona norte de la vertiente del Pacífico. Senamhi recomendó a las autoridades “tomar previsiones para mitigar los posibles impactos”. Sin embargo, poco o nada se hizo. Según Senamhi, el déficit en los caudales de los ríos en Piura continuará hasta enero.
El gobierno ha anunciado la rehabilitación de 200 pozos de agua y la perforación de 200 pozos nuevos. Las reservas de aguas subterráneas en Piura pueden complementar el riego en situaciones de escasez. Pero la recarga de los acuíferos también es afectada por la ausencia de lluvias.
La crisis hídrica en Piura es recurrente y conviene revisar las causas estructurales del desbalance entre oferta y demanda de agua. La expansión de la agroexportación en 30 000 hectáreas durante las últimas dos décadas ha ejercido una presión sin precedentes sobre los recursos hídricos. El crecimiento poblacional y los sedimentos acumulados en el reservorio Poechos han contribuido a la actual crisis.
Los bosques y el agua
Los bosques desempeñan un papel fundamental en la regulación hídrica de la región. Sin embargo, la deforestación en los últimos 20 años ha alcanzado 667 000 hectáreas. Esta situación compromete la sostenibilidad de los servicios ecosistémicos, incluyendo la regulación hídrica.
Otras regiones también sufren por déficit hídrico, como Puno, que en noviembre registró una marcada escasez de lluvias. El gobierno regional ha alertado sobre una severa afectación de la campaña agrícola actual. La siembra de quinua apenas alcanza el 20 % de avance y el cultivo de papa registra un avance incluso inferior.
Tampoco en este caso la respuesta del Estado apunta a la prevención. Enriquecer el suelo con materia orgánica mejoraría significativamente la capacidad de retención de agua, garantizando un suministro hídrico más estable y reduciendo la dependencia de las lluvias irregulares. Es fundamental implementar campañas para que los agricultores adopten estas técnicas (Baigorria, G. et.al., 2021).
Según CEPLAN, los niveles de estrés hídrico aumentarían para el año 2040, especialmente en la costa, con consecuencias en la producción agrícola, la generación de energía hidroeléctrica y el abastecimiento de agua potable. Desde aquí instamos a implementar acciones de carácter preventivo que permitan enfrentar mejor estas condiciones que amenazan con convertirse en la nueva normalidad.
