Opinión

El medio ambiente: El eslabón más débil en las defensas frente a nuevas pandemias

Por Beatriz Salazar*

En estos tiempos de pandemia y cuarentenas se habla mucho de los riesgos que conlleva para la salud humana y para el buen funcionamiento de la economía, pero se está dejando de lado un factor que es crucial para prevenir futuras pandemias: la relación de  éstas con la crisis ambiental. En este artículo revisaremos  evidencia científica que muestra cómo el deterioro de los ecosistemas y la biodiversidad pueden estar multiplicando el riesgo de que surjan nuevas y peores enfermedades. En este contexto  revisaremos el grado de deterioro de los ecosistemas en el Perú y la respuesta del Estado a esta situación.

Existe un consenso entre los científicos en que el  virus que causa el COVID-19 se originó en animales silvestres, probablemente en un murciélago que transmitió el virus a otro animal que se sospecha fue el pangolín, el cual, a su vez, lo transmitió a los humanos cuando fue consumido como alimento. Pero el problema de fondo no pasa por el consumo de animales silvestres, sino por la destrucción o degradación  de los hábitat de estos seres vivos por actividades humanas como la deforestación, la minería, la construcción de carreteras a través de lugares remotos, la rápida urbanización y el crecimiento de la población, que  está acercando a las personas a otras especies que nunca antes habían estado tan próximas.[1]

Los científicos sugieren que los hábitats degradados pueden fomentar procesos evolutivos más rápidos y la diversificación de enfermedades, ya que los patógenos se propagan más fácilmente de los animales a los humanos.[2]  Las actividades antropogénicas eliminan el efecto amortiguador que proporcionan la biodiversidad y los ecosistemas, aumentando el riesgo de la próxima pandemia.  Es así que los seres humanos estamos aumentando sustancialmente nuestra exposición a patógenos y no estamos preparados para responder.[3]

Esta riesgosa situación es impulsada por  el modelo económico internacional, a través de la demanda de madera, minerales y recursos por los países desarrollados, que sin salvaguardias robustas,  conduce a degradar  los ecosistemas y a alterar la ecología en los países en desarrollo, lo cual comprobamos lamentablemente todos los días en el Perú. 

Deterioro de suelos y ecosistemas en Perú

El  deterioro de los ecosistemas en nuestro país es crítico. Según datos del MINAGRI consignados en el Gráfico 1, al año 2018 el Perú registraba 17 millones 596 mil 307 hectáreas de ecosistemas degradados[4] a nivel nacional. La mayor degradación se presenta en la Amazonía, lo cual es un riesgo para la aparición y propagación de enfermedades -conocidas y nuevas- por los motivos antes expuestos, y justifica  el interés por promover la conservación y restauración de bosques en la Amazonía. Pero no hay que olvidar que otras regiones que no están ubicadas en la cuenca amazónica, también registran magnitudes significativas de ecosistemas degradados. Es necesario prestar mayor atención a los ecosistemas de costa y sierra para prevenir que continúen deteriorándose.

Gráfico 1[5]

Otro indicador que refleja  las demandas antrópicas sobre la biosfera en el Perú es la huella ecológica [6]departamental per cápita (gráfico 2), donde observamos que las regiones con mayor huella se ubican sobre todo en la costa, donde se concentran la actividad productiva y el consumo.

Gráfico 2

Fuente: MINAM [7]

Respuesta ante el cambio climático

El cambio climático es otro de los factores que pueden facilitar la aparición de nuevas enfermedades. Afecta el movimiento y la distribución geográfica de miles de especies y provoca migraciones que ponen en contacto repentino a los seres humanos con especies que antes estaban aisladas. [8]  El Perú, como otros 186 países, ha presentado a las Naciones Unidas sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC por sus siglas en inglés) que constituyen el compromiso del país para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, las medidas de mitigación contempladas no alcanzan para llegar a la meta comprometida de una reducción del 30% respecto a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) proyectadas para el año 2030. Con la implementación de las medidas de mitigación propuestas en las NDC peruana solamente se espera una reducción del 23.3% de emisiones, quedando aún una brecha del 6.7% para alcanzar la meta nacional del 30%.[9]  

La explicación de esta brecha podría estar en el insuficiente presupuesto público asignado a enfrentar el cambio climático, que  se mantuvo estancado entre 2016 y 2019 en el rango de los 1,500 y 1,650 millones de soles y, en el 2020, el monto asignado a cambio climático en el Presupuesto Institucional de Apertura (PIA) al inicio del año fue  solo 296 millones[10], un tercio de lo asignado el año anterior, como puede observarse en el gráfico 3. Si bien existe la posibilidad de que el PIA del 2020 sea aumentado en lo que resta del año, existe el riesgo de que los aumentos sean exiguos por la reorientación del gasto estatal debido a la crisis de COVID-19.  En el 2019 el monto asignado a cambio climático representó sólo 0.8% del total del presupuesto nacional (gráfico 4). 

Gráfico 3

Fuente: Consulta de gastos de la Adaptación y Mitigación ante el Cambio Climático, MEF[11]. Elaboración propia

Gráfico 4

Fuente: Seguimiento de la Ejecución Presupuestal (Consulta amigable), MEF. Consultado el 30/03/2020. Elaboración propia.

Presupuesto público ambiental

El presupuesto asignado a la función ambiental en los últimos 3 años también ha estado estancado y representa apenas el 2% del presupuesto total. La mayor parte de los recursos asignados se dedican a limpieza pública y no a la protección de los ecosistemas.

Gráfico 5

Fuente: Seguimiento de la Ejecución Presupuestal (Consulta amigable). MEF. Consultado el 30-03-2020. Elaboración propia

El medio ambiente en el Plan Nacional de Agricultura Familiar (PLANAF)

En el PLANAF 2020-21 el presupuesto asignado al Lineamiento “Manejo sostenible de los recursos  naturales frente al cambio climático” suma 362 millones 218 mil 991 soles de un total de 10 mil millones 707 mil 770 soles, es decir 3.38 % del total [12] lo que refleja la escasa importancia que tiene para el Estado el mantenimiento de los ecosistemas y sus servicios.

Políticas sectoriales incoherentes

Además del insuficiente presupuesto para enfrentar la crisis ambiental, el Estado peruano desde sus diversos sectores suele impulsar políticas que socavan el objetivo de proteger los ecosistemas y enfrentar el cambio climático. Un ejemplo es la construcción de carreteras en la Amazonía. Estas obras son uno de los principales motores de la deforestación y acrecientan el riesgo de transmisión de enfermedades desde animales a los humanos. Una investigación reciente del Conservation Strategy Fund y otras instituciones, que estudia 75 proyectos de carreteras en la Amazonía, encuentra que en el caso del Perú los tres proyectos de carreteras que más deforestación causarían en la Amazonía son la vía Pucallpa – Contamana, con 66,276 ha deforestadas proyectadas; la carretera Quistococha – Zungaro Cocha – Yanchama con 45,788 ha; y la vía Yurimaguas – Jeberos con 38,641 ha.[13]  En este último caso el Gobierno Regional de Loreto, que financia el proyecto, específicamente dice que la carretera “incentiva a ampliar la frontera agrícola y pecuaria en esta parte de la región. [14]. Cabe destacar que una reciente investigación en Loreto encontró que en los lugares donde se construyen caminos en el bosque, se forman lagunas que son ideales para que animales transmisores de enfermedades – como los mosquitos- pongan sus huevos y aumente el riesgo de enfermedades como la malaria.[15]

Las políticas de países vecinos también deberían preocuparnos. Por ejemplo, las políticas que promueven la deforestación en la Amazonía  brasileña, que impulsa el presidente Bolsonaro, pueden producir una degradación irreversible del bioma amazónico que afectaría a todos los países que lo comparten.  

La agricultura intensiva como amenaza

La promoción de la agricultura intensiva, altamente dependiente de agroquímicos y que promueve la deforestación -para habilitar el cultivo de productos con alta demanda como la palma aceitera  en zonas con ecosistemas frágiles- es otro de los factores que puede conducir a la aparición de enfermedades. Los patógenos que están  aislados en los bosques se pueden extender a las comunidades locales. La producción de palma aceitera habría contribuido a entre el 1,3 % y el 20 % de la deforestación agrícola en el Perú, y tanto los pequeños productores de palma como las plantaciones de gran escala contribuyen a la deforestación[16] [17]

Por otro lado, la deforestación para dar paso a la crianza de ganadería seleccionada y muy uniforme genéticamente -como sucede en Brasil- elimina las barreras inmunológicas naturales que puedan existir para ralentizar la transmisión de enfermedades.[18] Por estas razones, como señalamos anteriormente, el Perú y los países sudamericanos deberían prestar mayor atención a lo que sucede en Brasil y presionar para que ese país tome medidas más estrictas de protección del medio ambiente, ya que las consecuencias afectarán a todos los países de la región. El cambio climático, la degradación ambiental y las enfermedades no conocen fronteras como ha evidenciado la imparable propagación del COVID-19.

Pero la degradación ambiental impulsada por la agricultura intensiva no se limita a la Amazonía. En Piura un estudio sobre los costos de la desertificación y degradación de las tierras[19], advierte que en esta región la explotación intensiva de tierras con napas freáticas próximas a la superficie, hacen que al poco tiempo los procesos de degradación por salinización y erosión sean intensos. El empleo generado en las tierras cultivadas en estas condiciones, puede perderse al poco tiempo. 

Conclusión

El riesgo de pandemias en el Perú y a nivel global aumenta por las mismas razones que originan la crisis climática y ambiental: un modelo de desarrollo que excede la capacidad del planeta para mantener los delicados equilibrios que sostienen la vida. Si no prestamos atención a la advertencia que constituye la actual pandemia del COVID-19 y reconsideramos nuestra forma de producir y consumir, nos esperan nuevas y peores consecuencias en un futuro no tan lejano.


* Foto: Diego Pérez/Oxfam.

* Coordinadora del Observatorio Cambio Climático del CEPES.

[1] John Vidal. “Destroyed Habitat Creates the Perfect Conditions for Coronavirus to Emerge. COVID-19 may be just the beginning of mass pandemics”.  Scientfic American 18.03.2020.  https://bit.ly/2Y5lhOG

[2] Sarah Zohdy, Tonia S. Schwartz, Jamie R. Oaks. ”The Coevolution Effect as a Driver of Spillover”.  Trends in Parasitology, 2019; 35 (6): 399  https://bit.ly/2Y2nHgJ

[3] Daniel Mira Salama,. “Coronavirus and the ‘Pangolin Effect’: Increased exposure to wildlife poses health, biosafety and global security risks”. Blog World Bank. 17.03.2020 https://bit.ly/2xPettM

[4] Este indicador muestra la degradación de los ecosistemas, considerada como la “Pérdida total o parcial de algunos de sus componentes esenciales (agua, suelo y especies), lo que altera su infraestructura natural y funcionamiento; disminuyendo, por tanto, su capacidad de mantener a los diferentes organismos vivos entre ellos al ser humano, es decir, su capacidad de proveer servicios ecosistémicos. (Fuente: Minam)

[5] INEI (2020). “Perú. Anuario de Estadísticas Ambientales 2019” INEI. . https://bit.ly/2Y1kxK6

[6] La huella ecológica es un método de medición que analiza las demandas de la humanidad sobre la biosfera comparando la demanda humana con la capacidad regenerativa del planeta. Se expresan en unidades denominadas hectáreas globales (hag), siendo 1 hag la capacidad productiva de 1 hectárea de tierra de producción media mundial.

[7] SINIA. “Indicadores ambientales. Huella Ecológica Departamental per cápita”. MINAM17.03.2020. https://bit.ly/3cMpCKB

[8] Daniel R. Brooks, Eric P. Hoberg, Walter A. Boeger.(2019).  “The Stockholm Paradigm: Climate Change and Emerging Disease”. University of Chicago Press. https://bit.ly/2KyC84c

[9] GTM-NDC. (2018) “Informe final del GTM-NDC”. MINAM. https://bit.ly/2KwQH8n

[10] Datos al 30 de marzo del 2020. El Presupuesto Institucional de Apertura  (PIA) es el presupuesto aprobado para cada entidad, a inicios de cada año. El PIA puede ser actualizado a lo largo del año con fondos provenientes de transferencias de partidas, créditos suplementarios y recursos públicos captados o percibidos directamente por la entidad.

[11] MEF. “Transparencia Económica. Adaptación y Mitigación ante el Cambio Climático”. MEF30.03.2020. https://bit.ly/2VFAhAU

[12] MINAGRI (2019). “Plan Nacional del Agricultura Familiar 2019-2021” MINAGRI. https://bit.ly/3aF5Zma

[13] Thais Vilela, y otros. “A better Amazon road network for people and the environment. Proceedings of the National Academy of Sciences”. March 31, 2020, 117 (13). Suplementary information. https://bit.ly/358i9To

[14] MAAP. “Nuevas amenazas de deforestación en la Amazonía peruana (parte 1: carretera Yurimaguas-Jeberos)” Monitoring of the Andean Amazon Project. 29.05.2018. https://bit.ly/2Yc6oKu

[15] NPR. “New Roads in the Amazon May Deliver Disease”. National Public Radio. 25.02.2008. https://n.pr/2Yai00x

[16]  Piotrowski, Matt. “Los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza de Alicorp podrían comprometer su estabilidad financiera y su crecimiento”. Climate Advisers. 2019. https://bit.ly/3cM1OXb

[17] Varsha Vijay y otros (2018). “Deforestation risks posed by oil palm expansion in the Peruvian Amazon”.  Environmental Research Letter 13https://bit.ly/3eQI32s

[18] Rob Wallace. “La responsabilidad de la agroindustria en el Covid-19 y otros virus.” Entrevista. Interferencia https://bit.ly/2x5yTy3

[19] Morales, C., Dascal, G.  y Aranibar, Z. (2013) “Estudio de los costos de la desertificación y degradación de las tierras en el departamento de Piura. Informe final”. CEPAL, ELD, Cooperación Alemana. https://bit.ly/3aCcxBS

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