Actualidad Junín

Urge una estrategia de emergencia de desarrollo rural para la población indígena

Entrevista a Ana Espejo López*, coordinadora Territorial Perené-Pichiz, de la organización Servicio Educativo de Promoción y Apoyo Rural (SEPAR).


¿Cómo ha evolucionado el Covid-19 en la región Junín?

Los contagios bajaron, pero aún están en los máximos valores. Según un reporte de la Dirección Regional de Salud Junín, hay más de 34 mil casos confirmados de Covid-19 y más de 1000 fallecidos. Hay que señalar que esta última cifra es el doble que la cifra previa a la emergencia sanitaria.

¿La población recibe la información necesaria para prevenir el contagio del Covid-19?

Hay una pésima comunicación por parte del Estado. No se apoya en los medios de comunicación local, no toma en cuenta que, por cultura, la población indígena consume como medio de información la radio, pero las autoridades del gobierno usan los canales oficiales.

¿Cómo están funcionando los servicios de salud?

Las condiciones de salud siguen siendo precarias. Hay un déficit de personal,  de infraestructura y de equipamiento en hospitales y postas, sobre todo, en las provincias de selva central: Chanchamayo y Satipo, y poco o casi nada en las zonas aledañas a la población indígena. En el caso del distrito de Pichanaki, no tiene condiciones para atender a pacientes con Covid y son transferidos a la capital.

Frente a este abandono ¿cómo se está organizando la población indígena?

Las organizaciones indígenas se han articulado al Comando Covid-19 Indígena de la región Junín. Lo que se busca es garantizar la atención sanitaria de más de 150 mil pobladores indígenas. El representante de la organización Kanuja, y presidente del Comando Covid-19 Indígena, Fredy Gerónimo Chumpate, ha presentado un plan que incluye un presupuesto para la contratación de promotores de salud indígena y la logística necesaria para los hospitales. Este comando inició sus acciones oficialmente el pasado 6 de agosto.

¿De qué manera se está viendo afectada la vida en el campo por la pandemia? 

Definitivamente, en la Selva Central han habido cambios ya que muchos pobladores de las comunidades nativas realizan trabajos extra prediales en las cosechas de café y otros servicios relacionados con proyectos de los gobiernos locales, como mantenimiento de carreteras, construcción civil, servicios en restaurantes, que al encontrarse paralizados, no ha permitido que puedan tener ingresos para el sostenimiento de sus familias.

La venta de sus productos como achiote, frutales nativos, plátano, entre otros, no han podido acceder a los mercados o los costos de fletes se han incrementado. 

¿Ha cambiado la cantidad y calidad de alimentos que consumen las familias?

El limitado ingreso económico y el limitado ingreso de productos alimenticios a los mercados que complementan la dieta de consumo familiar, han disminuido la cantidad y calidad de los alimentos que normalmente consumen las familias. Sin embargo, en comparación a otras poblaciones, los sistemas de producción diversificados les han permitido paliar en parte el desabastecimiento de productos de primera necesidad. En buena parte de las comunidades están sembrando productos de panllevar y alimenticios para el autoconsumo de manera organizada.

¿Qué perspectivas hay para la próxima campaña?

Este fue un buen año agrícola en la primera campaña; sin embargo, como consecuencia de la cuarentena, hubo problemas con la cosecha (sobreoferta de productos orientados al mercado interno) falta de mano de obra, sobrecosto en el transporte, venta rebajada en chacra en desmedro de los productores. 

Ya se inició la segunda campaña y hay peligro de desabastecimiento en los meses de octubre y noviembre. Los agricultores necesitan financiamiento, recursos mínimos para producir. Un fondo de crédito no es lo más viable, todas las medidas del gobierno se quedan en el papel. Además, la presencia de mafias (los intermediarios) se agudiza en esta campaña sino se regula o se genera apoyos para esta parte de la cadena desde el Estado (inversión social).  

Junín es productor de café y cacao ¿cuál es la situación de estos cultivos?

Con la caída de precios del café y cacao, la comercialización de estos productos se vio afectada. Sin embargo, la cooperativa de servicios asháninka encontró mercado para su producción de cacao con precios muy por encima del mercado local. 

Ahora la perspectivas son buenas, en términos que ya se han validado protocolos de post-cosecha, se han habilitado infraestructuras para el acopio de cacao, se cuenta con experiencia en el acopio de cacao, se ha logrado la viabilidad financiera y contable de la cooperativa y se cuenta con compradores para su producto cacao, con posibilidad de ampliar a café y achiote.

¿Qué llamado haría al Gobierno?

Que garantice una estrategia de emergencia de  desarrollo rural que permita asegurar la cadena de abastecimiento alimenticio (seguridad alimentaria) vinculada a la agricultura familiar, diferenciando las estrategias para  los cultivos temporales y permanentes, pues unos responden al mercado interno y los otros son de agroexportación de Sierra o Amazonía, fundamentalmente.

También sería bueno que entregue semillas y propicie biohuertos para producción de hortalizas que son de consumo de los pueblos indígenas (tomate, pepinos, zapallo, lechuga, rabanito) y pequeños módulos de crianza de aves y animales menores; además de dar acceso a créditos dirigidos a sus organizaciones económicas (cooperativas, asociaciones agropecuarias, de turismo, gastronomía, etc)

Finalmente, en el marco de la emergencia sanitaria, creo que es vital insistir en la salud comunitaria articulada al gobierno local, trabajar con promotores de salud comunitaria paralelo a las acciones con plantas medicinales. 


* Ana Espejo López es miembro directivo de la Asociación Nacional de Centros (ANC) y de la Red Ambiental Peruana (RAP). Tiene estudios en gerencia social y es especialista en desarrollo rural, gobernanza ambiental y género.

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