Entrevistas

Agricultores y territorios resilientes

El miércoles 15 de diciembre se presentó los resultados de la investigación «Desplegando resiliencia: agricultura familiar y seguridad alimentaria en contexto de Covid-19», realizada por Gabriela Rengifo Briceño y Fiorella Loli Meléndez, con el auspicio del Cepes.

El ámbito de la investigación comprende el valle del Mantaro, en cuatro provincias de Junín: Concepción, Chupaca, Huancayo y Jauja, además de la provincia de Tayacaja, en Huancavelica. Al respecto conversamos con Gabriela Rengifo Briceño, Licenciada en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú.

En el contexto de la pandemia por el Covid-19, ¿qué motivó la investigación «Desplegando resiliencia: agricultura familiar y seguridad alimentaria en contexto de Covid-19”?

La investigación la realicé con Fiorella Loli Meléndez. En realidad, partimos de muchas motivaciones, una de ellas eran los problemas que estaban enfrentando los agricultores familiares, en el marco de una discusión más amplia sobre las implicancias de la pandemia para la seguridad alimentaria, pero nosotras nos centramos en la oferta de alimentos en un territorio específico. Nuestra investigación no solo preguntaba por la producción agrícola de alimentos sino por todos los actores que permiten que los alimentos circulen. Pensamos en una aproximación más de sistema, más del circuito alimentario, y no únicamente en el productor familiar, a pesar de que sigue siendo el núcleo de nuestra investigación.

Por otro lado, sobre la capacidad de resiliencia de los agricultores. Este concepto implicaba hablar de absorción de pérdidas, de múltiples adaptaciones, y el despliegue de muchos recursos para poder mantenerse a flote. Entonces, en la investigación lo planteamos como una pregunta, como una problemática que todavía está abierta para discutir y sobre la cual hay mucho por cuestionar.

Según mencionas, la investigación aborda los sistemas alimentarios con un enfoque territorial, ¿por qué eligieron el valle del Mantaro?

Elegimos el valle del Mantaro porque es un territorio muy importante para la producción y circulación de alimentos desde la sierra y la selva central hacia los mercados mayoristas de la ciudad de Lima. En este territorio predomina el minifundio y nosotras partimos de una definición de agricultura familiar bastante simple: nos centramos en productores que tenían escalas de producción pequeñas, que utilizaban mano de obra principalmente familiar, y esta es una definición predominante en el valle. Por otro lado, también en el valle del Mantaro existen varias instituciones, varias intervenciones, orientadas al tema de los sistemas alimentarios que lidera la Municipalidad Provincial de Huancayo, junto con FAO, y también por motivos prácticos de viabilidad porque tenemos experiencia previa de trabajo en esta zona, tenemos algunos contactos que nos han permitido hacer el trabajo mucho más viable.

Hablar del mercado de alimentos es bastante amplio. ¿Exploraron otros circuitos, como el ganadero?

Nos centramos en el circuito de hortalizas y tubérculos, que es parte del mercado de alimentos. A partir de los mercados mayoristas articulamos la indagación y debemos mencionar que son varios los actores que estructuran el mercado de alimentos, relacionados a diferentes niveles; están las autoridades locales, las municipalidades provinciales, también las distritales, la dirección regional agraria, la dirección regional de salud (que en el caso de la pandemia ha tenido un rol importante), los acopiadores, los intermediarios, los transportistas, las organizaciones de productores y, por supuesto, las familias agricultoras. Dentro de esta red compleja, distinguimos tres segmentos, tres subcircuitos. El primero es el segmento convencional, el segundo es el circuito agroecológico, y dentro del circuito agroecológico se encuentra uno más específico, que es la articulación del programa de compras públicas, Qali Warma, que tienen circuitos y flujos de provisión de alimentos distintos dentro del territorio.

¿Las canastas que entrega el programa Qali Warma contiene alimentos frescos? Esa es una demanda de los agricultores familiares.

El caso de Qali Warma, en la región Junín, es interesante y particular porque en el momento de la indagación de campo era la primera vez que dicho programa incluía alimentos frescos en sus canastas alimentarias, como la papa nativa. El programa de compras públicas agrupa a productores principalmente asociados en cooperativas que proveen de papa nativa a través de un proveedor intermediario al programa Qali Warma y, por el tema de pandemia, lo que se hizo fue redirigir estas canastas de alimentos directamente a las familias. Es interesante analizar este subcircuito de circulación de alimentos que permitió, digamos, un flujo más estable, al menos una salida más estable de comercialización.

Pensando en la participación de las agricultoras y agricultores en los programas de compras públicas a través de asociaciones, ¿hay experiencias exitosas de cooperativas, hay disposición de los agricultores para juntarse, puede ser un tema de investigación?

Sobre las asociaciones, nos comentaron que siempre hay limitaciones, desafíos para trabajar de manera colectiva. Pero, en todo caso, lo que nosotros encontramos (es una impresión personal) fue bastante disposición a formar parte de estas asociaciones y de cooperativas, porque permiten mercados distintos al convencional y también permiten participar en circuitos distintos, como esto de las compras públicas de Qali Warma. También existen personas que han pasado por varias experiencias colectivas, experiencias importantes no solo en el tema de los mercados, también en el tema de costos y pérdida. En momentos de crisis, como en la pandemia, tener este nivel de organización también ha permitido ciertas innovaciones logísticas o innovaciones en el momento de recoger productos que han permitido suavizar los impactos negativos que ha tenido la crisis. Igual creo que no ha sido el tema central la asociatividad del valle, pero sí me parece bastante importante que se vuelva un tema de investigación central. 

¿Qué acciones identificaron de parte de las instituciones del gobierno nacional, regional y local para apoyar a los agricultores en la comercialización de sus productos?

Durante la pandemia uno de los efectos más críticos fue que muchos mercados redujeron el aforo y lo que hacían las autoridades locales era abrir nuevos puntos de venta. Se usaron coliseos, escuelas, parques, cerraron ciertas calles para que se pudiera realizar ahí la venta de alimentos, se relocaliza digamos los puntos de venta y esa fue una de las estrategias institucionales más importantes para las personas y para los agricultores. También es importante destacar otros efectos negativos que implican pérdida de sembríos, pérdida de alimentos como fueron las sequías y las heladas, que se produjeron en los primeros meses de este año, y no están relacionados con el tema de la Covid-19; siempre pasan y para ello sí se cuenta con algún tipo de soporte por parte de las autoridades, como reparto de abonos, fertilizantes y otros insumos para la recuperación de los sembríos afectados por eventos climáticos. Es interesante que esto apareciera como parte de lo que la gente comentaba acerca del rol de las instituciones estatales.

¿La investigación visibiliza el rol de la mujer en el circuito de los sistemas de alimentación?

El eje de nuestra investigación no fue el rol de la mujer; sin embargo, me parece que sería interesante explorar la participación de las mujeres en las asociaciones. Hay experiencias colectivas con participación predominantemente de mujeres, ellas son las que se dedican principalmente a la comercialización, o sea, si bien la producción es familiar, el trabajo de la tierra es familiar, la cosecha es familiar, la venta convoca principalmente a las mujeres. En ciertas unidades familiares son ellas las que se dedican principalmente a vender los alimentos en la calle o en la feria. Recuerdo el testimonio de una agricultora, ella sintió muchísimo estrés porque no podía salir a vender, se enfermó de estrés, por lo que sería interesante conocer el impacto diferenciado que tuvo para las mujeres, puesto que formaba parte de su rutina en este espacio comercial.

¿Cuáles son las propuestas y conclusiones de la investigación?

Incluimos algunas propuestas que tienen que ver con la prevención de la descapitalización, con la prevención de la pérdida de alimentos, que tienen que ver también con la gestión de los shocks climáticos. Pero, hay un tema importante, que es cuestionar este concepto de resiliencia como una cualidad únicamente individual, y proponer que no solamente sean los agricultores resilientes, sino los territorios resilientes. Se necesitan sistemas resilientes y en la búsqueda de estos sistemas resilientes operan diferentes instituciones. Creo que esa es la problematización que puede convocar a las autoridades que están a cargo de afrontar las consecuencias de la pandemia. Y también, por ejemplo, en la modernización de centros de abastos; el tema de la adecuación de los mercados en este contexto ha sido una oportunidad para hacer cambios. Entonces, ahí también entra un rol muy importante de las autoridades, que pueden conducir todo este proceso.

Una de las conclusiones más importantes, repito, es que al parecer los agricultores son resilientes, pero a costos muy altos, o sea, siempre tienen capacidad para hacer frente a la crisis, pero comprometen mucho sus ahorros familiares, comprometen muchos sus propios activos. En ese sentido, si bien han sido importantes los nuevos puntos de venta, las ferias y los mercados, al parecer el rol jugado por las instituciones no ha sido tan preponderante, y por ello, pensando en términos de política pública, la resiliencia debería estar orientada a gestionar territorios y sistemas colectivos a diferentes escalas, mucho más resilientes, mucho más resistentes a las crisis.

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