
Entrevista a Eric Capoen, coordinador regional de la Zona Andina (Perú – Bolivia) de Eclosio.
El Cepes, por tercer año consecutivo está desarrollando una campaña con el objetivo de informar y sensibilizar entre las autoridades y ciudadanos sobre la crisis alimentaria que se agudiza más, y la amenaza de El Niño costero. ¿Cree usted que nuestro país se ha convertido en el país con mayor inseguridad alimentaria?
Los datos publicados por las Naciones Unidas este año sobre el estado de la seguridad alimentaria en el mundo muestran que la situación sigue siendo, como ha venido siendo de forma histórica, bastante peor en muchos países de África subsahariana e incluso en algunos países de la región como Haití o Venezuela, aunque es lamentable que para estos informes mundiales el Estado peruano no haya reportado algunos datos que impiden tener una fotografía completa.
Pero lo que más preocupa en países como Perú – también en otros países en la región como Argentina – son las tendencias que se observan desde la pandemia, como lo demuestra el reciente informe del índice global del hambre en el país. En algún momento se pensó que el efecto de la pandemia sería temporal y que al salir de esta crisis las cifras del hambre retomarían su evolución a la baja, sin embargo debemos constatar que no ocurre así, más bien siguen yendo al alza y pareciera que se han anulado las mejorías observadas en la década de los 2010…
¿Por su trabajo en el campo conoce algunos casos de pobladores rurales que no tienen acceso a alimentos suficientes y nutritivos, y cuál sería el motivo para que no puedan satisfacer sus necesidades alimentarias?
Por nuestro trabajo, tenemos más cercanía a lo que sucede en la sierra, que sigue siendo la región más pobre y con mayores niveles de inseguridad alimentaria del país. Muchas familias no tienen alimentos en cantidad y calidad (diversidad, inocuidad) suficiente. Hay gente que tiene que limitarse en su alimentación, disminuyendo la ración o saltando comidas. No es algo nuevo pero se ha ido agudizando en los últimos años y meses. En el primer semestre de este año, siguiendo la tendencia del 2022, el precio de varios productos se ha disparado, por ejemplo el pollo y varias verduras. Se sabe que varios factores externos influyeron en ello (volatilidad del precio del petróleo, conflicto en Ucrania, etc.). Luego hubo una baja en la inflación pero fue más lenta en Perú que en los países vecinos, principalmente por la crisis sociopolítica y factores climáticos como las lluvias en el norte y la prolongada sequía en el sur. De hecho, estos dos factores internos siguen siendo las principales amenazas para los meses que vienen, añadiendo la incertidumbre en la geopolítica mundial por el conflicto Israel-Palestina.
Todo ello se ha repercutido en la capacidad financiera de las familias rurales para tener una dieta diversificada. De ahí la importancia de la estrategia de las familias campesinas de mantener una variedad de cultivos y crianzas, incluyendo huertos familiares y animales menores. Incluso se ha podido observar que esta estrategia les ha permitido amortiguar algunos efectos de las múltiples crisis que se han conocido desde el 2020.
Sabemos que la inseguridad alimentaria azota en todas las partes del país, y no solo en la parte rural. Los datos del hambre demuestran que es en las grandes ciudades de la costa, empezando por Lima, donde la situación de seguridad alimentaria y hambre ha sufrido un mayor deterioro en los últimos años, llegando a niveles tan preocupantes como en la selva, mientras hace 10 años hablábamos de situaciones muy diferentes entre ambas regiones. La precariedad del empleo urbano es muy preocupante. Lo que ocurre desde la pandemia con las ollas comunes demuestra la situación de hambre que existe, aunque a la vez es una formidable demostración de la capacidad de organización social, con cara muy femenina, frente a un Estado débil, para no decirlo, ausente.
En el caso de los agricultores que viven en la parte sur del país, la ausencia de lluvias perjudicó el ganado y los cultivos ¿Cuáles son las demandas de estos hombres y mujeres para afrontar esta lamentable situación?
La situación de sequía en el sur andino tiene más de un año. Ahora se extendió a más regiones y en el caso de Puno, la situación se ha vuelto crítica para la producción de leche, granos andinos, fibra de alpaca, etc. En setiembre, varios alcaldes, entre otros de Puno, exhortaron el gobierno central en declarar los departamentos del sur andino en emergencia por déficit hídrico y tomar acciones a corto plazo. Las demandas son múltiples. Algunas se enfocan a enfrentar la emergencia a muy corto plazo, como la distribución de alimentos para el ganado o bonos para cubrir las pérdidas. Otras son de mayor alcance en el tiempo, como la masificación de infraestructuras de riego o programas de siembra y cosecha de agua. Obviamente, dentro de un contexto sociopolítico en el cual las demandas de las comunidades del sur andino son mucho más amplias, no solamente dirigidas al agua, sino también a reivindicaciones relacionadas a la justicia social y derechos.
Se advierte un evento El Niño global que podría ser intenso. En este panorama ¿El Gobierno tiene políticas claras ante ello?
Las respuestas del Estado hasta ahora fueron muy parciales. En el caso de la prolongada sequía en el sur, este año el Estado ha estado entregando bonos por sequía a una parte de los y las agricultores y agricultoras. También hay un intento de respuesta con el seguro agrícola catastrófico, pero son parches ante una problemática mucho mayor. Benefician a un porcentaje mínimo de familias campesinas y estamos hablando de montos que realmente no cubren la dimensión del fenómeno.
Además, hay una falta de eficacia y una gran lentitud en la ejecución de los presupuestos disponibles, eso se está viendo de forma recurrente, por ejemplo en la costa norte, pensemos en la reconstrucción luego de los estragos del Niño costero del 2017, o ahora después de las lluvias de marzo con el ciclón Yaku en las mismas zonas.
Volviendo a lo de las sequías, en setiembre el Estado volvió a declarar en emergencia a varios distritos de muchas regiones del país, lo cual debería agilizar la realización de obras, pero no se está dedicando suficiente presupuesto para poder actuar de verdad. En algunas regiones, como Huancavelica, se han conformado mesas de concertación para enfrentar la crisis agropecuaria. Hay algunos esfuerzos de programas estatales, por ejemplo, para la excavación de pozos y para mejorar la infraestructura de riego.
Hay que reconocer que si el Estado es débil, en parte es por varios factores estructurales, tenemos una alta informalidad del empleo y estamos en un país donde la base tributaria no es suficientemente consolidada como para enfrentar un problema tan grande de la forma más eficiente como se quisiera. Hay que saludar que exista un plan de reactivación económica – el plan Unidos, que recientemente fue comunicado – y que haya incluido mil millones de soles para la recuperación del sector agropecuario para mitigar los efectos del Niño global y apoyar a los pequeños agricultores y agricultoras. Pero a modo de comparación, el mismo plan incluye un monto 17 veces superior para la ejecución de siete proyectos mineros, como parte de una estrategia de shock de inversiones. Vale decir, no solamente es una cuestión de falta de dinero, también es una clara orientación hacia otras prioridades, o sea, una cuestión de voluntad política. Desde tiempos se destinan montos mayores para el sector empresarial, se subvenciona a la agroexportación, por ejemplo, a través de los megaproyectos de riego en el desierto costero, desafiando la naturaleza. En cambio, en muchas áreas rurales del país, las familias campesinas tienen la sensación de que el Estado les ha abandonado. Y ello se agravó, en especial en el sur andino, desde un año atrás con la crisis sociopolítica, del abandono se pasó a la indiferencia y desprecio.
En el corto plazo ¿El Estado peruano debe brindar apoyo económico y técnico para que la agricultura se recupere, y deben priorizarse los planes de adaptación al cambio climático y transición hacía una agricultura más resiliente?
Eso es. A corto plazo, los bonos u otros mecanismos de ayuda humanitaria son necesarios frente a las emergencias. Pero debe de haber un plan más estratégico a mediano y largo plazo, justamente para prevenir más catástrofes o mitigar sus efectos. El cambio climático se está dando. Lo bueno es que en el Perú, a diferencia de corrientes minoritarias que se siguen escuchando en otros países de forma incomprensible, ya casi nadie se atreve a negarlo. Lo malo es que poco se actúa.
Lo de la siembra y cosecha de agua, lo del riego tecnificado, son aspectos importantes, pero no suficientes. Hablemos también del modelo de producción alimentaria. Existen propuestas alternativas, como la agroecología, los sistemas agroforestales, la conservación de bosques, etc. Se están desarrollando, impulsadas entre otros por organizaciones de la sociedad civil o por la misma comunidad. A duras penas y todavía de forma aislada, porque carecen de apoyo institucional. Mayormente se sigue pensando en monocultivos y sigue habiendo un enfoque de cadenas productivas, de forma compartimentada, mientras un sistema productivo es un todo, para lograr su sostenibilidad se necesitan interacciones entre el suelo, las plantas, los animales y quienes conducen las fincas. En la agricultura sigue resistiendo el sistema de insumos – mayormente dañinos para el ambiente y la salud – y productos, los famosos inputs y outputs del modelo industrial. Como si los alimentos fueran un simple output. Son mucho más, la base de la vida, con una enorme riqueza cultural detrás. Y no solo se trata de forma(s) de producir los alimentos. También son cuestionables los circuitos de comercialización y distribución de los alimentos, que implican transporte en grandes distancias y problemas de desperdicios de alimentos. En este aspecto también hay un número creciente de iniciativas interesantes de circuitos cortos, ferias de diferentes tipos y nombres que permiten a productores acortar la cadena, en Lima y en regiones. El MIDAGRI ha tenido participación en algunas de estas iniciativas. Existen normas, leyes y planes, por ejemplo, el plan nacional de agricultura familiar, el plan nacional de promoción y fomento de la producción ecológica, etc., pero sigue habiendo poco de su implementación. Y por otro lado, han estado en la mesa varias propuestas de leyes que constituyen serias amenazas para el ambiente y en especial para la Amazonía, uno de los pulmones del planeta. Una vez más, es una cuestión de voluntad política. Al fin y al cabo, es una cuestión de modelo de desarrollo, ¿apostamos por una agricultura familiar diversificada, una multitud de sistemas alimentarios locales interconectados? ¿O por la agroexportación y la minería parchando los problemas que generan y atendiendo en emergencia a la gente que dejan de lado?
El papel de las mujeres es fundamental para enfrentar la amenaza de crisis alimentaria y el impacto de El Niño, pero también son las más vulnerables frente a los mismos. ¿La igualdad de género y empoderamiento de la mujer son elementos fundamentales en esta coyuntura?
De hecho. Las mujeres sufren muchas brechas de género y una de ellas es que sufren más la inseguridad alimentaria que los hombres. En las encuestas, comparadamente a los varones, las mujeres responden con más frecuencia de forma afirmativa a preguntas sobre la existencia de situaciones de hambre experimentada por uno o varios miembros de su hogar. Puede ser porque ellas comen menos que ellos, o porque son más conscientes que alguien en su hogar tuvo hambre. Probablemente sean ambas cosas…
En el campo, se está observando una feminización de la agricultura familiar, porque los varones migran más a la búsqueda de oportunidades económicas. Por lo tanto, el rol de la mujer en la producción de alimentos de la agricultura familiar, que por sí siempre ha sido crucial (cuidado de los animales, manejo de huerto cerca a la casa, etc.) es creciente. Y sabemos que la agricultura familiar pesa entre 55 y 60% en la oferta alimentaria del país…
En realidad, esta feminización de la agricultura familiar no se revela en toda su amplitud en las encuestas oficiales, por el simple uso de la pregunta “nombre del jefe(a) del hogar” en estas encuestas – pregunta que sigo sin entender. Implica responder con el nombre de una sola persona, que, por inercia cultural o por querer considerar a la persona que trae (más) ingresos, mayormente lleva a indicar el varón en el caso de hogares biparentales. Lo cual no significa, en el caso de familias campesinas, que la mujer no esté tan – o más – implicada en las actividades agropecuarias como el varón.
Esta pregunta del jefe(a) de hogar puede parecer anecdótica, pero creo es reveladora del camino que falta recorrer hacia la igualdad de género en el Perú. Sin una autonomía física, económica y decisional de las mujeres, un país no puede desarrollarse; o se desarrolla chueco. Para llegar a esta autonomía, partiendo de las brechas existentes, pues implica trabajar en el empoderamiento, efectivamente; empoderamiento entendido como una estrategia para cuestionar y cambiar la estructuras y relaciones de poder que perpetúan las desigualdades entre varones y mujeres. Implica una discriminación positiva en las políticas públicas. Hay algunas propuestas interesantes, por ejemplo el fondo de emprendimiento de la mujer rural e indígena del MIDAGRI. Lastimosamente son fondos reducidos, y como lo propone Conveagro, debería ser ampliado y acompañado de un programa de asistencia a las mujeres rurales, pero digamos que es un esfuerzo rescatable en un ministerio tan “masculino”. En cambio, en el plan de reactivación Unidos, no se menciona a las mujeres ni las cuestiones y brechas de género. Al contrario, existen corrientes ultraconservadoras con crecientes cuotas de poder que cuestionan el enfoque de género (se vio reflejado en la ley 904-2021 que plantea una intervención obligatoria de los padres de familia en la realización de materiales educativos, poniendo en riesgo la autonomía al ministerio de educación como ente rector en la materia), lo que hace peligrar los derechos de las mujeres. Se necesita una entrada política feminista a nivel país. Y estamos viendo que para ello, no basta con tener a una presidente mujer.
Sobre esas graves amenazas, ¿Cuál es el trabajo que desarrolla el programa impulSAS en el Perú?
impulSAS, nuestro programa, busca, como su nombre lo indica, impulsar sistemas alimentarios sostenibles con enfoque basado en los derechos humanos. Lo hacemos desde nuestra posición de ONG universitaria, buscando ubicarnos como puente entre la comunidad y la academia. Trabajamos directamente con organizaciones de la sociedad civil, las cuales se articulan con una diversidad de actores, incluyendo el sector público. Estamos frente a problemas de gran alcance, que en sí rebalsan nuestra esfera de acción, pero nuestro aporte es un grano de arena y pensamos que cada grano de arena cuenta.
De un lado, apoyamos dinámicas locales en territorios rurales. En la sierra de Áncash, nuestra coparte DIACONÍA apoya procesos de transición agroecológica en zonas altoandinas de la provincia de Aija, lo cual incluye la producción agropecuaria en sí, su diversificación cuidando al suelo y ambiente, pero también el tema crítico del agua, la cuestión de la seguridad alimentaria, del mercado y los sistemas alimentarios. Ello apela a procesos de investigación-acción, por ejemplo, en lo de la siembra y cosecha de agua, donde agricultores-investigadores y agricultoras-investigadoras analizan soluciones frente al cambio climático y rescatan también saberes ancestrales con apertura a nuevas técnicas compatibles. También apela a la concertación y alianzas, entre otros con las municipalidades, comunidades campesinas, la universidad de Huaraz, etc. En Áncash también contamos con el aporte de una coparte especializada en género, Grupo Género y Economía, que trabaja la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres vía promotoras de género. Además, en Junín, en un contexto muy distinto, la Central Café y Cacao impulsa sistemas agroforestales con productoras y productores de cacao. Por otra parte, nuestro aliado en el programa impulSAS, Louvain Coopération, tiene acciones en Puno y Arequipa.
De otro lado, acompañamos al trabajo de investigación, incidencia, concertación, campañas y sensibilización ciudadana que nuestras copartes realizan a nivel nacional. Pensamos que sus contribuciones son esenciales para enfrentar estas múltiples crisis: mantener una mirada y análisis crítico de la situación país como lo hace CEPES entre otros a través de la Revista Agraria; proponer ante el Estado central agendas para enfrentar la crisis alimentaria y del agro como recientemente lo hizo Conveagro con una propuesta de 14 medidas a corto y mediano plazo; fomentar el involucramiento de jóvenes en las cuestiones relacionadas a la agricultura y alimentación y dinamizar con ellos y ellas espacios de concientización ciudadana como lo realiza Slow Food Perú; sensibilizar a los y las consumidores sobre la importancia de la agricultura familiar ecológica y del consumo de alimentos sanos, diversos e inocuos como lo viene haciendo el Consorcio Agroecológico Peruano, citaré el reciente monitoreo ciudadano de pesticidas en verduras en cuatro regiones del país y el festival KUSKA Fest que justamente se está desarrollando esta semana.
Apostamos también por las sinergias entre actores. Facilitamos una plataforma entre nuestras copartes, buscando nexos y retroalimentaciones mutuas entre procesos territoriales locales y acciones de mayor alcance. Siempre tratamos de conectarnos también con otras entidades de cooperación que impulsan procesos similares o complementarios.
Líneas arriba mencionamos la campaña del Cepes, ¿apoya la Campaña «Crisis Alimentaria y Desastres: el peor escenario»?
¡Definitivamente sí! Estamos en un momento crítico. Todos y todas debemos actuar. El contexto político país es complejo y no favorece acciones de concertación entre el Estado y la sociedad civil. Pero tienen que seguir fluyendo propuestas de salida, de alternativas. Vía el diálogo amplio y plural, la única vía sostenible.
Este contenido es parte de la campaña #ElPeorEscenario, campaña de CEPES que busca se incluya en la agenda pública y ciudadana la necesidad de contar con una estrategia EFICIENTE para afrontar el agravamiento de la #CrisisAgroalimentaria como resultado de la ocurrencia de #ElNiñoGlobal y de los efectos del #CambioClimático.


