Actualidad Cusco Regional

Cusco: Las comunidades campesinas de Paruro en tiempos de pandemia

Informe basado en una entrevista a Yolanda Maque Pinedo, coordinadora del proyecto Gestión Sostenible de los Recursos Naturales y de adaptación al Cambio Climático” (JES)  de la organización no gubernamental Cedep Ayllu (Cusco).

Cusco es una de las regiones del país que en las últimas semanas ha registrado un alza pronunciada de casos de COVID-19. Según la Dirección Regional de Salud cusqueña, al 15 de agosto de 2020 habían 19,396 casos confirmados en la región, y 473 fallecidos. Sin embargo, se conoce poco sobre  la evolución de la enfermedad en las zonas rurales y sus efectos socio-económicos para las familias campesinas.  Para contribuir a llenar ese vacío, entrevistamos a Yolanda Maque Pinedo, coordinadora del proyecto Justicia Económica y Social (JES)  de la organización no gubernamental Cedep Ayllu. 

En la presente nota ella informa sobre los efectos del COVID-19 en el distrito de Accha, en la provincia cusqueña de Paruro, especialmente en lo referente a la salud y la vida familiar, la seguridad alimentaria y la economía de los hogares rurales. Además, informa también sobre la situación de la producción agropecuaria, las dificultades en el acceso a los mercados locales, así como las iniciativas generadas por las comunidades y la sociedad civil para enfrentar la crisis sanitaria y económica.

Evolución del COVID-19 en las comunidades campesinas 

Al 15 de agosto de 2020, en Paruro se habían registrado 85 casos de COVID-19 según la DIRESA Cusco. Casi todos los casos detectados en esta  provincia son derivados a Cusco, pues en las zonas rurales no existen condiciones para una atención adecuada, según indica Maque. “Incluso el Comando COVID regional ha pedido al gobierno central que se implante una cuarentena restringida por 14 días; cada municipalidad, cada provincia está pidiendo su cuarentena porque no hay forma de controlar esto”, señala. 

Varios factores explican el aumento de casos. Por un lado, muchos de los retornantes no han guardado cuarentena, intensificando el contagio; por otro lado, la prueba rápida no ayuda. “Después de una semana en la comunidad empiezan a presentar síntomas, entonces, ya contagiaron a sus familias, les hacen otra prueba y salen positivo”, añade Yolanda.  Otro factor es haber levantado la cuarentena demasiado pronto y sin protocolos claros y que se adapten a la realidad rural. “Han abierto las fronteras, con todo eso se ha complicado la situación. Por ejemplo, en la municipalidad de Accha se han detectado dos casos, han tenido que cerrar durante dos semanas y el personal guardó cuarentena”

En las zonas rurales, al inicio de la cuarentena los campesinos se organizaron para cerrar con tranqueras los ingresos y salidas de las comunidades, pero, al levantarse la cuarentena,  abrieron sus fronteras y empezaron a circular con normalidad. Desde el 15 de agosto nuevamente se están cerrando fronteras en las comunidades y restringiendo el ingreso y salida por el incremento de contagios. “En las comunidades la gente estaban en el campo con esa confianza, que no va llegar el virus, inclusive cuando fuimos hace tres semanas nos veían con mascarilla y se asustaban, nos veían raros, creían que estábamos enfermos, lo cual no es parte de la cotidianidad y su cultura”, explica Maque.

Situación económica y seguridad alimentaria de las familias campesinas

Cerca de 70% de familias de la zona ha recibido canastas familiares a través de los gobiernos locales o han sido beneficiarios de los bonos “Quédate en casa”, “Bono Rural” y otros bonos que se han asignado. “Estos apoyos les sirve a estas familias para poder comprar los productos que no se producen en la zona -azúcar, arroz y frutas- porque sí están abastecidos de verduras, cereales y tubérculos que normalmente producen. Pero para conseguir los otros productos tienen que ir al mercado o acudir a algunos comerciantes que vienen con su vehículo a las comunidades una vez por semana y les venden”, señala Yolanda.

Pero alrededor de 30% de las familias de la zona no ha recibido ningún apoyo estatal. Tampoco se ha tomado en cuenta a las familias que han retornado de Lima, Cusco, Arequipa, Madre de Dios  y muchos otros lugares. Ellas no han tenido acceso a ese tipo de apoyo. Posiblemente estén incluidos en la lista del bono universal que entregarán en agosto 2020.

La falta de ingresos se agrava en el contexto de la pandemia porque  las familias no pueden realizar el intercambio comercial de sus productos por las restricciones de transporte y el cierre de  mercados locales, tabladas ganaderas y el mercado regional de Huancaro, además, no encuentran oportunidades de trabajo remunerado. “Anteriormente la mayoría de los hombres solían salir a trabajar a los municipios o a algunas ciudades cercanas para vender su mano de obra, pero ahora, con el cierre de los territorios y por seguridad de su salud, los hombres deben permanecer en sus comunidades”. La pandemia se dio en plena cosecha de los productos agropecuarios, detalla Maque. 

La alimentación de algunas familias rurales ha mejorado durante la pandemia, estima Maque. “Ahora están empezando a valorar lo que producen. El tarwi, la quinua, que son productos nutritivos y sanos. Antes preferían no consumir estos productos y venderlos para conseguir más ingresos, pero ahora están consumiéndolos y comprando menos productos poco nutritivos en tiendas y mercados. Esto se debe por un lado a la reducción de los ingresos, pero también a que están tomando conciencia de que los productos que compran no tienen mucho valor nutritivo, salvo las frutas. En ese sentido, sí está mejorando la alimentación, hay mayor diversidad de alimentos, mayor consumo de verduras, frutas y cereales”.

Impacto de los “retornantes” en las comunidades

A nivel de Paruro se están registrando oficialmente 870 familias que han retornado desde las ciudades, pero extraoficialmente se estima que muchas otras personas han retornado sin pasar por los controles y sin ser registrados oficialmente. “Las mujeres temen que los alimentos no alcancen hasta diciembre, pues en hogares en los cuales antes vivían 5 personas, ahora viven 10 o 15 personas.  En algunas comunidades están haciendo olla común para ayudar a las familias que han retornado y que no tienen a sus parientes cercanos. En esos casos la comunidad los apoya entregándoles papa, maíz y verduras”, advierte Yolanda.

En algunas comunidades se ha entregado tierras a los retornantes para que las trabajen, pero también se han registrado conflictos por la tenencia de tierras y de viviendas, ya que muchos retornantes habían dejado la comunidad 10 o 15 años atrás y, de acuerdo a la Ley de Comunidades Campesinas, ya habían perdido sus derechos de posesión sobre  esas tierras.  “Algunas directivas comunales están ayudando a solucionar estos conflictos, pero en otros casos no es posible. Los terrenos con riego son los que registran más conflictos porque su valor social y económico es más elevado”, explica Maque.

Los retornantes continúan arribando a la región y a las provincias. El riesgo para las comunidades es que las personas que llegan a la ciudad de Cusco no respetan la cuarentena, y aún así pretenden llegar a las comunidades, donde en algunos casos no los quieren recibir. Incluso los transportistas se niegan a movilizarlos. “Hace dos semanas estaba en camino a la comunidad Taucabamba, en el distrito de Pilipinto, en Paruro, y el carro que había tomado había sido contratado para llevar a dos familias que retornaban de Arequipa. Pero el presidente comunal advirtió al chofer que si llevaba a esas familias a la comunidad, el chofer tendría que entrar en cuarentena también”, comenta Maque, y agrega que estas medidas son incómodas pero se toman para proteger la integridad de las familias comuneras. Sin embargo, algunos retornantes no respetan la vida comunal y los acuerdos colectivos que las comunidades tienen bajo su autonomía administrativa.

Consecuencias de la pandemia para las mujeres

Durante la pandemia se incrementó los casos de violencia de género en las comunidades como resultado del confinamiento. La emergencia sanitaria ha acentuado las condiciones de vulneración de los derechos de mujeres, niñas/os y adolescentes, quienes en muchos casos tienen que convivir con su agresor y no pueden denunciar en las instancias correspondientes por las restricciones de circulación y transporte. Esto se atribuye a la tensión provocada por los problemas económicos, de convivencia y de confinamiento. También a que  la cuarentena obliga a los varones a permanecer en el hogar, con lo cual la probabilidad de conflictos aumenta. La presencia de más personas en el hogar también influye. Yolanda comenta un caso en la comunidad en Huyaino Aya, en que volvieron al hogar paterno tres hijos y sus familias, quienes muchas veces no estaban de acuerdo con la comida, o los hijos peleaban, no se adecuaban a la realidad de la comunidad, y la responsabilidad de solucionar estos conflictos recae en las  mujeres. Según la Comisaría de la Policía Nacional de Accha se tiene reportado sólo 5 casos denunciados y que han sido reportados al CEM de Paruro para que siga su proceso regular.

Las mujeres también son las que más apoyan a los niños y niñas con el aprendizaje remoto del programa “Aprendo en casa”, aunque en muchos casos no tienen los conocimientos técnicos, el tiempo, ni los medios necesarios para ayudarlos. Muchas familias no cuentan con teléfono celular, ni conexión a Internet; incluso en algunos lugares no llega la señal de televisión, solo algunas radios. Los niños y las mujeres que los apoyan muchas veces deben subir a los cerros, buscar señal de Internet o celular, y encontrar una solución para que los niños sigan estudiando. “Es la mujer la que está enfrentando esta situación, porque el esposo se va a la chacra. Y además la mujer lleva la comida a la chacra para apoyar al esposo. Hay una sobrecarga de trabajo”, comenta Yolanda. 

Impacto en la producción agropecuaria y perspectivas de la próxima campaña

En Paruro, la pandemia llegó en plena cosecha de los productos agropecuarios. La campaña agrícola 2020-21 empezó en julio con la siembra de maíz; aunque algunos aún están terminando las cosechas de cereales  como trigo y cebada de la campaña anterior. Además, en las comunidades están terminando de construir casas de adobe para las familias los retornantes.

Las perspectivas para la nueva campaña no son buenas. Los productores no cuentan con los insumos necesarios. Requieren sobre todo semillas e insecticidas para combatir plagas y enfermedades. El cambio climático ha causado que las heladas y granizadas se prolonguen, afectando las hortalizas, los pastos, y las siembras tempranas.

En cuanto a la ganadería, cada mes solían organizarse en Accha “tabladas” -que son espacios  para la compra y venta de ganado- pero este año solo se han podido organizar dos tabladas. “La gente cuenta que no han podido vender ni siquiera el 20% de los ganados. Ahora se están quedando con los animales y eso significa más pasto y plata”, indica Yolanda.

Otro factor limitante es que la comercialización de productos agropecuarios está restringida. Los mercados solamente atienden una vez por semana. “Por ejemplo, en el mercado local de Accha, que es la única que dinamiza la economía de la provincia, que están abiertos sólo dos horas, no pueden vender sus productos agropecuarios y eso significa que no tienen dinero para comprar otros productos que necesitan”, señala Yolanda. Están funcionando algunos mercados itinerantes, pero llegar  a ellos implica 4 horas de viaje y el costo de transporte es alto. Con los actuales ingresos económicos, los agricultores no pueden pagarlo. Ante esta situación, las comunidades han vuelto a recurrir al trueque para intercambiar productos, pero no incluyen en esta modalidad a los productos de primera necesidad.

Los productores están planteando al Estado -a través de la Federación Agraria Revolucionaria Túpac Amaru de Cusco (FARTAC) – que el Ministerio de Agricultura declare en emergencia el agro en la región. Exigen medidas concretas como facilidades para obtener y pagar créditos, pues aunque los agricultores de subsistencia no suelen solicitar créditos, otros productores más vinculados al mercado sí los necesitan.   Asimismo, exigen que se facilite la participación en los mercados itinerantes con el apoyo de los Gobiernos locales y la Dirección Regional de Agricultura.

La sociedad civil cusqueña y sus propuestas ante la crisis

Yolanda sostiene que el Ministerio de Agricultura está apoyando más a  los medianos y grandes agricultores, a través de Procompite, Agroideas y otros programas. “Nosotros queremos que apoye a los pequeños agricultores con asistencia técnica y proyectos productivos, Por eso vamos a instalar una Mesa Técnica de Agricultura y Seguridad Alimentaria, donde participa el Ministerio de Agricultura, sobre todo Agrorural”. Además, destaca que en este espacio participará  la sociedad civil.

Otro tema importante que debería incluirse en la Agenda de Incidencia es el Agua y Saneamiento. Aunque en la mayoría de las comunidades se cuenta con agua y saneamiento, su mantenimiento no está al día y en este periodo de lluvia han tenido problemas como la rotura de tuberías. “Ahora hay escasez de agua porque se usa más agua para la limpieza de la casa, para lavarse las manos, se usa permanentemente entonces hay menos cantidad de agua en las comunidades. Hay comunidades que no cuentan con servicio de desagüe. El 90% de familias tienen desagüe pero el 10% no”, advierte Maque.

Este recuento ha sido realizado en el marco de una iniciativa del CEPES para el monitoreo de información con el objetivo de facilitar herramientas a comunidades rurales para enfrentar la crisis de la COVID-19 y, simultáneamente, visibilizar y analizar los procesos sociales y económicos en el campo para anticipar posibles escenarios de la (in)seguridad alimentaria. Esta iniciativa cuenta con el apoyo de Pan para el Mundo, Diakonía, la International Land Coalition y Eclosio.

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