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¿Tenemos un ministerio de desarrollo agrario?

Por Laureano del Castillo, director ejecutivo del Cepes

Uno de los puntos de la plataforma del paro agrario de mayo de 2019 fue la reestructuración del Ministerio de Agricultura y Riego[1]. Durante el Segundo Pleno Agrario, en octubre de 2020, se aprobó la Ley 31075 que cambió el nombre a Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri). ¿Qué ha cambiado desde la publicación de la Ley?

Los reclamos de los agricultores por un ministerio que atienda realmente sus necesidades no eran nuevos. Ello se explica porque por alrededor de tres décadas los sucesivos gobiernos vienen privilegiando a la agricultura de exportación, desatendiendo a la mayoritaria agricultura familiar (el 97% de las unidades agropecuarias, según el Midagri). Declaraciones, estrategias, planes y hasta leyes (como la Ley de Promoción y Desarrollo de la Agricultura Familiar) exhiben muy pocos resultados.

Los cambios con la Ley 31075

En el Midagri se cambió también el nombre de los dos viceministerios creados en 2013: el de Políticas y Supervisión del Desarrollo Agrario y el viceministerio de Desarrollo de Agricultura Familiar e Infraestructura Agraria y Riego. En marzo de 2021 el Reglamento de Organización y Funciones (ROF) del Midagri, completó el cuadro de funciones y atribuciones de las principales dependencias del ministerio.

Pese a la creación de un viceministerio de Desarrollo de Agricultura Familiar, la atención en la Ley a este sector de la agricultura resulta insuficiente. La primera mención a la AF está al final del artículo sobre las funciones generales del Ministerio (el ejercicio de todas sus funciones se realiza “priorizando el servicio a la agricultura familiar”), mientras que entre sus funciones específicas se señala que se promoverá el desarrollo de la acuicultura como parte de la AF.

Al viceministerio de Políticas y Supervisión del Desarrollo Agrario (y no al de Desarrollo de Agricultura Familiar e Infraestructura Agraria y Riego) se le encargó “coordinar, orientar, articular y supervisar el desarrollo sostenible de la agricultura familiar…” y “fomentar la promoción de la agricultura familiar a través de la asociatividad y el cooperativismo, fortaleciendo capacidades de producción, transformación y comercialización para generar cadenas de valor en el pequeño productor”.

Además en el ROF se creó dentro de la Dirección General de Gestión Territorial dos direcciones, una de Desarrollo de Comunidades Campesinas, Nativas y de Gestión Social; y otra de Promoción de la Mujer Productora Agraria. Sin embargo, no se les asignó mayores recursos, muestra de la poca importancia que el propio ministerio les dio a estas dependencias, partes significativas de la AF.

El Midagri y la Segunda Reforma Agraria

A inicios del gobierno de Pedro Castillo se anunció una Segunda Reforma Agraria (SRA) y luego de aprobaron sus 5 lineamientos. Aunque el primero apuntaba a “Implementar una nueva forma de gobierno para el mundo agrario y rural”, en los más de siete meses de gobierno, la organización del Midagri no se ha modificado. ¿Resultaba entonces adecuado el ROF vigente para ejecutar la SRA?

Más allá de los Lineamientos de la SRA y de algunas medidas aisladas, poco puede exhibir el Midagri como logros de su gestión. Lo cierto, como señala Fernando Eguren en una reciente nota[2], es que todos los anuncios de la SRA “son actividades y programas que ya el MIDAGRI venía desarrollando, pero se supone que serían ampliados y profundizados”.

A las ya conocidas necesidades desatendidas de la agricultura familiar, se ha sumado ahora el encarecimiento de los insumos, como la urea, mientras el Midagri se muestra incapaz de solucionar siquiera este problema coyuntural.

Cambios que no cambian nada

Lo descrito hasta aquí nos permite afirmar que cambiar el nombre a Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego no ha tenido ningún efecto práctico. El entusiasmo de funcionarios públicos, de algunas dirigencias y de cierta prensa cuando se aprobó la actual Ley de Organización y Funciones del Midagri, nos hace recordar la famosa frase de uno de los personajes de la novela El gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”[3]. Quedarnos en los nombres o en las formas no es, pues, un real cambio. Que el Midagri realmente impulse el desarrollo agrario supone más que un simple cambio de nombre; el propio Estado y la sociedad deberían entenderlo así.

De la misma manera, habría que recordar a aquellos que piensan que cambiando la Constitución se arreglan los problemas del país, que la Constitución de 1979 (a la que algunos plantean que se debe retornar) decía que “El Estado otorga prioridad al desarrollo integral del sector agrario”. Con cierta hipocresía, representantes del fujimorismo en el Congreso Constituyente Democrático recordaban entonces que en 12 años de vigencia esa prioridad no se había cumplido. Por ello, vayamos más allá de las palabras para reclamar un cambio que realmente atienda a las y los agricultores familiares.


[1] El punto 15 de la plataforma del Paro era la “Reestructuración del MINAGRI”. En: https://bit.ly/3pPq3Nd

[2] https://bit.ly/35Fm5Qc

[3] La novela fue escrita a fines de la década de 1950 por el italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

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