Actualidad Autores Miguel Pintado

¿Otro riesgo de crisis alimentaria?

Una erupción de fuego visible entre nubes y árboles en la montaña.

por Miguel Pintado Linares, investigador principal de CEPES

En los últimos días tres eventos han confluido de manera perversa en nuestro país. La escalada del precio del petróleo a raíz del conflicto en Medio Oriente, los impactos en las comunicaciones terrestres del actual desarrollo del Niño Costero y la deflagración en el gasoducto en el distrito de Megantoni (La Convención, Cusco). Panorama suficientemente adverso para encender las alarmas de una nueva crisis alimentaria en nuestro país.

Por el lado internacional, el conflicto iniciado entre EE. UU. e Israel contra Irán se encuentra en plena escalada regional comprometiendo a naciones como Arabia Saudita, Bahrein, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait, Líbano y Omán. Todas ellas, salvo el Líbano, transitan sus envíos petroleros por el estrecho de Ormuz (localizado entre Irán y Omán) por donde pasa alrededor del 20% del petróleo mundial. Apenas 4 días de iniciado el actual conflicto, el precio del barril ya superó los 80 dólares, pico no alcanzado desde enero del año pasado. Expertos apuntan a un alza veloz que podría superar los 100 dólares por barril. De darse este escenario, los impactos alimentarios se harán notar inmediatamente desde tres frentes: el encarecimiento del transporte terrestre nacional, la elevación de las importaciones de alimentos (por encarecimiento del transporte global) y riesgos en el suministro de fertilizantes nitrogenados para la producción agrícola nacional (y global).

Por el lado nacional, la escalada de combustibles ya se había iniciado desde febrero a raíz de las condiciones climáticas extremas (Niño Costero), que se sumó a la ya crítica situación financiera que ya atravesaba Petroperú, y que repercutieron en el transporte y distribución interna de combustibles, desestabilizando su suministro interno. Como menciona Palacios[1], cuando el diésel y el gasohol se encarecen, el impacto no es marginal. Estos combustibles mueven el transporte público, la carga pesada y la distribución de alimentos en todo el país. Para colmo de males, el 1 de marzo una fuga y deflagración de la Transportadora de Gas del Perú (TGP) (la única fuente de gas natural y la principal fuente interna de gas licuado de petróleo) ha obligado ha restringir el suministro de gas natural por 14 días (de manera preliminar), priorizando usuarios residenciales y pequeños comercios, pero no grandes consumidores como las industrias o plantas termoeléctricas[2]. Los efectos negativos no solo se añaden a los ya mencionados sobre el transporte terrestre, sino también sobre el encarecimiento energético en general que, sin duda, puede afectar la industria alimentaria nacional, además de la comercialización interna de alimentos.

En los tres casos, los escenarios son indeterminados. La escalada del conflicto internacional todavía en ascenso, el desarrollo del fenómeno del Niño Costero ya activó un sinnúmero de quebradas en la costa peruana y las inundaciones ya están afectando varias zonas del país, mientras que la emergencia del suministro de gas natural se puede extender dependiendo del diagnóstico de daños que, seguramente, tendremos más claridad en estos días. Sin duda, un panorama muy difícil y con potenciales impactos muy altos para la seguridad alimentaria nacional.


[1] Palacios, Carlos (2026, 3 de marzo). Combustibles al alza no se sabe hasta cuándo. Diario Expreso, pp.2-4 (versión impresa).

[2] https://gestion.pe/economia/sin-gas-desde-taxis-y-camiones-hasta-generadoras-los-rubros-que-ya-sienten-el-golpe-de-la-para-del-ducto-de-tgp-noticia/

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